jueves, 18 de junio de 2009
lunes, 8 de junio de 2009
PAÑALES DE TELA
"¡Me gustaría envolverme en la suavidad de los pañales de mi bebé!"
No creo que nunca hayas oído tal frase, a no ser que los padres usaran pañales de tela.
Cuando compré el primel pañal, fue una prueba. Los vi en un supermercado en Inglaterra y no pude resistirme. Pero no era lo que yo esperaba, no había para tanto. Luego, compré uno por Internet y dio la casualidad de que estaba en casa de mis suegros cuando abrí el paquete. Era la cosa más linda y suave que podía haber imaginado para el culito de mi hija. Corrí al ordenador más cercano a comprar más. Mi suegra y mi marido creo que desde entonces cambiaron de parecer con respecto a los pañales de tela.
La referencia que tenemos de los pañales de tela son aquéllos que usaban nuestras madres antes de que aparecieran los pañales de celulosa. Como en todo, aquí también se ha evolucionado. Una de las preocupaciones de los padres al tirar el pañal de celulosa es la cantidad de ellos que se usa, o sea el coste, y su impacto medioambiental. Un bebé usará alrededor de 8.000 pañales, que irán a parar a la basura. El porcentaje del volumen total de los desperdicios en un municipio que representan los pañales desechables es entre un 4 y un 10% del total. Además, tardan entre 200 y 500 años en destruirse. De hecho, en Australia, se está experimentando con los geles que dan la absorbencia al pañal para usarlos contra los incendios, dado que no se queman ni pesan tanto como el agua. En algunos municipios ingleses, subvencionan la primera compra de pañales de tela para ahorrarse costos de basuras.
En cuanto al coste, un pañal de celulosa cuesta alrededor de 25 céntimos, o sea que se precisan unos 2.000€ hasta que el bebé se libere del pañal. Los pañales de tela requieren una inversión inicial que varía según su tipo, ya que algunos pañales se adaptan a cualquier edad del bebé (con lo que inicialmente se pueden comprar todos los necesarios), mientras que otros se ajustan a unos rangos de peso concretos. El coste se sitúa alrededor de los 400€ a 1.200€, según el tipo de pañal elegido. Además, hay que añadir los gastos de limpieza de los mismos. Así que, en el peor de los casos, el gasto puede ser el mismo, si se tiene un solo hijo. Pero como los pañales de tela se pueden reusar para los siguientes hermanos, primos o venderse en Internet, el coste económico resulta siempre inferior. El medioambiental, a pesar de usar más agua, energía y detergente, también es sensiblemente menor.
Por dónde empezar
Hay pañales de tela de variadas formas, tamaños, materiales y estilos. Un tipo de pañal puede ir bien a una familia, y el mismo ir mal a otra. El consejo que dan todas las familias experimentadas es probar distintos tipos antes de hacerse con el ajuar completo.
Tipo de telas
Lo que todos tienen en común es que la materia prima básica es el algodón transpirable, a pesar de que también hay de cáñamo. En algunos casos, la tela se ha blanqueado, y en otros no, de manera que las fibras mantienen su estado original. El no tratar la tela prolonga la vida del pañal y, en ocasiones, puede dar como resultado un material más suave. También es posible encontrar pañales de algodón orgánico, en el caso de que la planta no haya estado tratada con pesticidas y agentes químicos. En ciertos casos, se añade un porcentaje de poliéster para alejar la humedad del culito del bebé y así evitar escoceduras.
Toalla: se considera la más absorbente. Puede tener el rizo grande o pequeño. Se suaviza con el lavado y secado en secadora. No se encoge como la franela ni se deshace, pero es más voluminosa.
Franela: se considera la más suave y confortable para la piel del bebé. Es la tela más usada en la fabricación de pañales.
Estilos de pañales disponibles
Es simplemente un trozo grande rectangular o cuadrado de tela plegado en varias capas. Se pliega según se necesite (recién nacido, niño o niña) haciéndolo más versátil, ya que se ponen más capas de tela allí donde se necesita más. Son los que más tiempo precisan para poner al bebé, puesto que deben doblarse adecuadamente, pero también resulta el sistema más económico y el que se seca antes. Puede ser una tela de gasa, franela o de toalla, blanco o de color. Además, es posible utilizarlos para otras cosas, como trapos o pequeñas toallas de mano. Necesitan un sistema de fijación como la pinza de cierre o unos imperdibles para pañales. Pu
eden resultar difíciles de poner si el bebé se mueve mucho.
eden resultar difíciles de poner si el bebé se mueve mucho.Pañales plegados
- Son muy parecidos a los anteriores pero este el trozo de tela tiene varias capas en el centro para incrementar su absorbencia. Apenas se tienen que doblar ya que vienen predoblados. Tardan un poco más en secarse que los anteriores pero son realmente bastante rápidos.
Pañales con forma
- Generalmente son pañales con forma de reloj de arena que permiten una mejor adaptabilidad alrededor del culito del bebé. Apenas se necesitan plegar y necesitan un sistema de ajuste de pinza.
- Diseñado especialmente para ajustarse al culito del bebé como una braguita, con elásticos en las piernas y la cintura, con cierres de tipo Velcro®, botones o cintas. El estilo y sistema es muy parecido al de los pañales desechables. Pueden encontrarse pañales de este tipo que se adapten desde los recién nacidos a los niños mayorcitos debido a que el sistema de cierre los hace más versátiles.
Cobertor
- Todos los pañales anteriores necesitan de un cobertor para que la humedad que retienen no pase a la ropa del bebé. Los cobertores se limpian cada 3 ó 4 usos si no se han manchado. Éstos necesitan adaptarse perfectamente al tamaño del culito del bebé, así que hay disponibles en varias tallas y con distintos tipos de cierre. Pueden ser de nylon o lana (la lanolina aisla la humedad).
Pañal todo en uno
- Pañal como el ajustado pero que incorpora un cobertor que aisla de la humedad. El co
bertor está cosido al pañal formando un solo paquete. Se cierran con Velcro® o botones. Es el pañal más sencillo de usar, y a menudo también el más caro. Debido a la capa aislante, cuestan más de secar y limpiar que los de dos piezas. Además, por el mismo motivo, pueden causar escozores en el culito del bebé, así que se deben cambiar más a menudo. Hay disponibles en varias tallas para que se adapten mejor o en talla única para un mayor ahorro.
bertor está cosido al pañal formando un solo paquete. Se cierran con Velcro® o botones. Es el pañal más sencillo de usar, y a menudo también el más caro. Debido a la capa aislante, cuestan más de secar y limpiar que los de dos piezas. Además, por el mismo motivo, pueden causar escozores en el culito del bebé, así que se deben cambiar más a menudo. Hay disponibles en varias tallas para que se adapten mejor o en talla única para un mayor ahorro.Pañal rellenable
- Este pañal es más sencillo que el anterior, ya que carece de la capa absorbente princi
pal. Esta debe insertarse en el interior en el momento de colocar el pañal al bebé. Tiene la ventaja de que se seca más rápidamente y es muy fácil de poner. Puede usarse también como cobertor. Los hay disponibles con cierre tipo Velcro® o con cierres de presión.
pal. Esta debe insertarse en el interior en el momento de colocar el pañal al bebé. Tiene la ventaja de que se seca más rápidamente y es muy fácil de poner. Puede usarse también como cobertor. Los hay disponibles con cierre tipo Velcro® o con cierres de presión.domingo, 7 de junio de 2009
BENEFICIOS DE LA STEVIA
Un pequeño arbusto subtropical
La Stevia rebaudiana (Bertoni) es un arbusto originario del Paraguay y Brasil conocido por los indígenas guaraníes y del Mato Grosso desde tiempos ancestrales, al que denominaban Ka´a He´ë (hierba dulce).
Dulce y saludable
En actualidad es utilizada como edulcorante en varios países como Paraguay, Japón, Corea, China, Taiwán y diversos países americanos y asiáticos. En Japón, por ejemplo, se utiliza desde los años setenta como edulcorante natural sustitutivo del azúcar y otros de origen sintético. Allí tiene una cuota de mercado superior al 50 %, especialmente en el momento en que se percibió que algunos de estos edulcorantes (denominados como E9XX) tenían efectos nocivos para la salud humana. Recordemos que el mercado de los edulcorantes está dominado por el azúcar, el jarabe de maíz alto en fructosa y productos sintéticos como la sacarina, el ciclamato, el aspartamo y la sucralosa; algunos de ellos con serias dudas sobre sus posibles efectos cancerígenos. Sin embargo, en otros países -caso de Estados Unidos- sólo se autoriza como complemento dietético y tiene prohibido su uso como edulcorante o aditivo alimentario desde 1991 por parte de la U.S. Food and Drug Administration. La Comisión Europea rechazó en el año 2000 la propuesta de permitir su uso, por la existencia de dudas respecto a su seguridad sanitaria. Ante este rechazo, un equipo internacional de científicos, liderado por Jan Geuns y Johan Buyse de la Universidad Católica de Leuven en Bélgica, publicó un libro en el que se suman pruebas de la seguridad de la Stevia. En abril de 2004, este centro organizó un Congreso Internacional sobre la Seguridad de la Stevia. Las conclusiones de este simposio demuestran la completa seguridad de esta planta con su dulce sustancia.
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Desde el año 2005 ha tenido un nuevo impulso la producción de Stevia o ka'a he'e, ya que la OMS (Organización Mundial de la Salud) autorizó su uso como edulcorante. Su utilización como edulcorante ha venido incrementándose desde que en Japón la tecnología para la extracción del steviósido, su principal componente, así como la tecnología para la eliminación del sabor amargo que presenta tomó un importante desarrollo.
Los beneficios del dulzor de la Stevia
La hoja verde de la Stevia contiene, de forma natural, una sustancia que es 15 veces más dulce que el azúcar de mesa o refinado. El extracto de esta substancia es rica en esteviósido y rebaudiósido, que pueden obtenerse en laboratorio. A diferencia del azúcar de caña o remolacha, el edulcorante natural de la Stevia no aporta calorías al organismo, ya que no se metaboliza, con lo que la naturaleza nos aporta en esta planta el sabor dulce sin las contraindicaciones para la salud que supone la ingesta de los edulcorantes que, como el azúcar, pueden causar sobrepeso, diabetes, etc. La Stevia aporta un edulcorante de mesa ideal para la elaboración de bebidas, dulces, mermeladas, chicles, repostería, confituras, yogures, etc.
La fuente de salud de la Stevia radica en que sus hojas poseen una sustancia denominada esteviósido, constituida por una mezcla de por lo menos ocho glucósidos diterpénicos. El glucósido es una molécula obtenida por condensación entre dos monosacáridos, mientras que un terpeno es un lípido derivado del hidrocarburo isopreno, que es entre 100 hasta 300 veces más dulce que la sacarosa y que, por sus características físico-químicas y toxicológicas, permite su inclusión en la dieta humana para ser utilizada como un edulcorante dietético natural, sin efectos colaterales. Una planta de 1 m de altura rinde unos 70 g de material seco utilizable, de los cuales 25 g corresponden a hojas. El esteviósido es un “polvo blanco cristalino, inodoro, no higroscópico, no fermentable, de sabor dulce aún en soluciones muy diluidas, que es muy soluble en agua”. Sin embargo, tiene como principal obstáculo para su comercialización lo que se denomina un retrogusto, que para ser eliminado requiere procesos de laboratorio costosos. La ingesta de las hojas tiernas es mucho más económica y con más propiedades medicinales que los extractos purificados.
Propiedades medicinales de una planta comestible
Resulta que la Stevia no sólo afecta a los niveles de azúcar sanguíneo, sino que los regula. Por este motivo, se ha convertido en una planta esencial para la calidad de vida de los diabéticos, a la vez que contribuye a regular la presión arterial, es un potente diurético y facilita la absorción de grasas. Científicos de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) han aportado nuevas perspectivas muy prometedoras sobre los componentes de la Stevia en el tratamiento de la diabetes tipo-2, resultados que también se están constatando en afectados por esta enfermedad en España e incluso con casos del tipo-1. También se esta avanzando en identificar sus propiedades como antiséptico bucal y antiinflamatorio. Por otra parte, en Japón esta muy extendido su uso como mejorante del suelo, de plantas o para la salud de los animales de granja.
Las investigaciones científicas demuestran fehacientemente que el consumo de Stevia a largo plazo es seguro para las personas, que su consumo influye de manera favorable en los niveles de glucosa en sangre de los diabéticos y que regula la presión arterial de los hipertensos. Así mismo, su consumo no modifica otros parámetros (lípidos, función renal y hepática). Esta opinión contrasta con la irreductible presión de la industria de los edulcorantes para que en Estados Unidos, principal consumidor de edulcorantes del mundo, no pueda usarse como aditivo alimentario.
Tanto la FAO como la OMS han tomado ya determinaciones para certificar la inocuidad de esta planta y, por tanto, incluir a la Stevia en una lista temporal, como paso previo para el definitivo pasaje a su “Codex Alimentarius”. De hecho, el FAO/WHO Expert Comité on Food Aditives (JECFA) ya admitió la ingesta de hasta 2 miligramos por kg/día de glicósidos de esteviol (calculados como esteviol), cantidad muy alta (equivalente a 110 gramos de azucar al dia), que abre una vía clara para el reconocimiento generalizado.
Algunos estudios indican su actividad antibiótica, en especial con las bacterias que atacan las mucosas bucales y los hongos que dan origen a la vaginitis en las mujeres. Por sus propiedades curativas, sobre todo en Sudamérica se utiliza también para contrarrestar la fatiga y para combatir dolencias en el hígado, el páncreas y el bazo. Más allá del poder endulzante de los principios activos contenidos en la hoja de la Stevia, esta planta se perfila como una planta extraordinaria que podría beneficiar la salud de la humanidad y contribuir a la mejora de la economía de los campesinos. En la medicina paraguaya se utiliza la Stevia rebaudiana como hipoglucemiante, digestivo, cardiotónico, diurético, hipotensor, vasodilatador, antiácido, etc., además de por los mencionados efectos beneficiosos en la absorción de grasas y la presión arterial. .
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Regulación de la estevia
Hasta el momento, EEUU autoriza su comercialización en herboristerías. Otros países disponen de amplios cultivos y se consume legalmente desde hace muchos años como es el caso de Japón, Corea del Sur y China, así como en gran parte de Latinoamérica (Brasil Colombia, Argentina, Perú…) y, sobre todo, en Paraguay, país originario de esta planta y que ha decidido jugar un papel importante en la promoción y distribución de semillas y variedades que permitan la extensión de su cultivo a nivel mundial. En Europa no se admite su venta como planta alimentaria, aunque en Alemania su consumo es tolerado, siendo uno de los principales importadores y exportadores de Stevia del mundo. Como planta medicinal también está tolerada su comercialización.
La regulación de nuevos alimentos en la UE vigente desde 1997 requiere que cualquier alimento considerado «exótico» cumpla con unas estrictas condiciones de seguridad antes de que se introduzca en el mercado europeo. Para introducir en la UE un alimento por primera vez requiere que se apliquen las condiciones que establece el reglamento sobre Nuevos Alimentos de la UE. La norma distingue cinco categorías de productos, en función de la tecnología aplicada o del origen de alimentos y de sus ingredientes, a la vez que atribuye a las autoridades responsables de seguridad alimentaria de cada país un papel fundamental en todo este procedimiento. Para conseguir que un alimento nuevo entre en la UE, el procedimiento más sencillo es que un país someta a evaluación un producto, enviando su propuesta a los demás Estados miembros para que emitan su conformidad. Las frutas consideradas exóticas como el mango, la papaya, la granada, el té blanco, etc. han aumentado un significativo 26% entre 2001 y 2004, según un estudio reciente. Diversas instituciones científicas denuncian que no se autorice la presencia de la Stevia en el mercado europeo y no se use su potencial nutritivo y medicinal.
lunes, 4 de mayo de 2009
CESÁREA
Michel Odent: «La forma en que nacemos tiene consecuencias a largo plazo»

Obstetra francés, pionero en investigar y promover el parto natural
Michel Odent fue uno de los primeros médicos preocupados por facilitar a las mujeres un parto respetado o natural: hace cerca de cuarenta años instaló en el hospital francés donde trabajaba paritorios con piscina. Odent sostiene que es preciso «deshumanizar el parto». No es una paradoja. ¿Qué mamífero, sino el ser humano, ha introducido prácticas que obstaculizan el hecho natural del nacimiento? El ambiente hostil, el rasurado, el enema, la oxitocina, la episiotomía y la cesárea son elementos habituales en nuestros hospitales, pero no recomendables en los partos normales -que son la mayoría-, según la Organización Mundial de la Salud.
-Qué importancia tiene la forma de nacer en la vida de las personas?
-Esa es una pregunta nueva. Hace cincuenta años nadie se la hubiera hecho, porque entonces casi todo el mundo nacía igual: por vía vaginal. La cuestión se hacía más bien en términos de vida o muerte: sobrevives o no sobrevives. Hoy es diferente. Tenemos datos sólidos que sugieren que la forma en que nacemos tiene consecuencias a largo plazo. Uno de los objetivos de nuestro centro de investigación en Londres es recoger y reunir esas evidencias en una base de datos para que todo el mundo tenga acceso a ellas en la web. Cuando unes esos datos, puedes asegurar que la forma de nacer sí tiene consecuencias a largo plazo, particularmente en términos de sociabilidad, agresividad... O invirtiendo los términos, en capacidad de amar. En el periodo perinatal se detectan factores de riesgo de la delincuencia juvenil, el suicidio, la drogadicción, la anorexia, el autismo... Eso no significa que un individuo concreto sufra esos problemas a causa de su nacimiento; el ambiente y la cultura pueden compensarlo.
-¿Qué relación hay entre la forma de nacer y la lactancia?
En otros mamíferos es muy simple: si interfieres en el parto, la madre no acepta a su cría. Pero el ser humano es más complejo. Hacen falta grandes cifras para detectar diferencias estadísticamente significativas. Eso nos debe hacer preguntarnos: ¿qué pasará dentro de tres, cuatro o cinco generaciones si seguimos interfiriendo en el parto? Es unproblema global.
-¿Por qué considera incorrectas las prácticas obstétricas actuales?

-Como todos los mamíferos, los seres humanos cuando dan a luz liberan un cóctel de 'hormonas del amor'. Interferir en el proceso fisiológico del parto elimina el flujo de hormonas entre la madre y el bebé. La cuestión no es qué le pasará a ese bebé en particular, sino qué le pasará a la civilización si hacemos que las 'hormonas del amor' resulten inútiles.
En el actual contexto científico es imposible separar la fisiología del nacimiento y la fisiología de la lactancia. Es notorio que en los países donde rutinariamente se interfiere en el proceso del nacimiento, las tasas de lactancia no son buenas. Hay un vínculo.
-¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación?
Necesitamos nuevos criterios para evaluar las prácticas obstétricas. Hoy en día se usan criterios como la mortalidad y la morbilidad perinatal, la morbilidad maternal, el coste/efectividad... Pero si sólo usamos los viejos criterios del siglo XX, ¿por qué no hacer la cesárea a todas los mujeres? Porque de acuerdo con esos criterios, la cesárea es una operación muy segura... Así que necesitamos otros criterios, y uno de ellos puede ser la calidad y duración de la lactancia materna. En los países donde la tasa de cesáreas es muy alta, están obligados a mantener campañas intensivas para fomentar la lactancia materna, y a pesar de todo las cifras de lactancia no son buenas. Es el caso de las grandes ciudades en Brasil, China y Latinoamérica, donde la tasa de cesáreas es superior al 50%.
-Usted lleva cuarenta años promoviendo el parto natural. ¿Ha mejorado la situación en su país?
-El efecto no se produce en un país en particular, porque este es un problema global. Yo hablo en muchos países del mundo: hoy estoy en España, la semana próxima voy a Brasil y la siguiente, a Estados Unidos. En todas partes hay un pequeño núcleo de personas que piensan en estos temas. Y ese núcleo de gente está creciendo.
martes, 28 de abril de 2009
RED BULL TE CORTA LAS ALAS

El RED BULL fue creado para estimular el cerebro en personas sometidas a un gran esfuerzo físico y en 'coma de estrés' y nunca para ser consumido como una bebida inocente o refrescante.
RED BULL ES LA BEBIDA ENERGIZANTE que se comercializa a nivel mundial con su eslogan: Aumenta la resistencia física, agiliza la capacidad de concentración y la velocidad de reacción, brinda más energía y mejora el estado de ánimo. Todo eso se puede encontrar en una latita de RED BULL, ¡la bebida energética del milenio...!
Red Bull ha logrado llegar a casi 100 países de todo el mundo. La marca del TORO ROJO, tiene como público a jóvenes y deportistas, dos segmentos atractivos que han sido cautivados por el estímulo que causa la bebida. Fue creada por Dietrich Mateschitz, un empresario de origen austriaco que descubrió la bebida por casualidad. Sucedió en un viaje de negocios a Hong Kong, cuando trabajaba para una empresa fabricante de cepillos de dientes.
El líquido, basado en una fórmula que contenía cafeína y taurina, causaba furor en ese país. Justamente, imaginó un rotundo éxito de esta bebida en Europa, donde todavía no existía el producto, además de ver una oportunidad inmejorable de convertirse en empresario. PERO LA VERDAD DE ESTA BEBIDA ES OTRA: FRANCIA y DINAMARCA lo acaban de prohibir por ser un cóctel de muerte, debido a sus componentes de vitaminas mezcladas GLUCURONOLACTONE, químico altamente peligroso, el cual fue desarrollado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos durante los años 60 para estimular la moral de las tropas acantonadas en VIETNAM, el cual actuaba como una droga alucinógena que calmaba el estrés de la guerra. Pero sus efectos en el organismo fueron tan devastadores, que fue descontinuado, ante el alto índice de casos de migrañas, tumores cerebrales y enfermedades del hígado, que mostraron los soldados que la consumieron.
Y a pesar de ello, en la lata de RED BULL aún se lee entre sus componentes: GLUCURONOLACTONE, catalogado médicamente como un estimulante. Pero lo que no dice la lata de RED BULL, son las consecuencias de su consumo, que obligan a colocar una serie de ADVERTENCIAS:
1).- Es peligroso tomarlo si después no haces ejercicio físico, ya que su función energizante acelera el ritmo cardiaco y te puede ocasionar un infarto fulminante.
2).- Corres el peligro de sufrir una hemorragia cerebral, debido a que el RED BULL contiene componentes que diluyen la sangre para que al corazón le cueste mucho menos bombear la sangre, y así poder hacer un esfuerzo físico con menos agotamiento.
3).- Está prohibido mezclar el RED BULL con alcohol, porque la mezcla convierte la bebida en una 'Bomba Mortal' que ataca directamente al hígado, provocando que la zona afectada no se regenere.
4).- Uno de los componentes principales del RED BULL es la vitamina B12, utilizada en medicina para recuperar a pacientes que se encuentran en un coma etílico; de aquí la hipertensión y el estado de excitación en el que te encuentras después de tomarlo, como si estuvieras en estado de embriaguez.
5).- El consumo regular del RED BULL desencadena en la aparición de una serie de enfermedades nerviosas y neuronales irreversibles. CONCLUSION: Es una bebida que debería prohibirse pues se mezcla con alcohol y crea una bomba de tiempo para el cuerpo humano, principalmente entre adolescentes y adultos que carecen de esta información.
(INFORME DEL PHD KHALET GEBARA MD in USA California (UCLA University)
1).- Es peligroso tomarlo si después no haces ejercicio físico, ya que su función energizante acelera el ritmo cardiaco y te puede ocasionar un infarto fulminante.
2).- Corres el peligro de sufrir una hemorragia cerebral, debido a que el RED BULL contiene componentes que diluyen la sangre para que al corazón le cueste mucho menos bombear la sangre, y así poder hacer un esfuerzo físico con menos agotamiento.
3).- Está prohibido mezclar el RED BULL con alcohol, porque la mezcla convierte la bebida en una 'Bomba Mortal' que ataca directamente al hígado, provocando que la zona afectada no se regenere.
4).- Uno de los componentes principales del RED BULL es la vitamina B12, utilizada en medicina para recuperar a pacientes que se encuentran en un coma etílico; de aquí la hipertensión y el estado de excitación en el que te encuentras después de tomarlo, como si estuvieras en estado de embriaguez.
5).- El consumo regular del RED BULL desencadena en la aparición de una serie de enfermedades nerviosas y neuronales irreversibles. CONCLUSION: Es una bebida que debería prohibirse pues se mezcla con alcohol y crea una bomba de tiempo para el cuerpo humano, principalmente entre adolescentes y adultos que carecen de esta información.
(INFORME DEL PHD KHALET GEBARA MD in USA California (UCLA University)
sábado, 25 de abril de 2009
REFLEXIONES ACERCA DE LA CRISIS ECONÓMICA
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Por Salvador Juncà
No sé si la actual situación de crisis en que está sumida nuestra economía tiene mucho que ver con la dimensión espiritual atribuida a la naturaleza humana. Pero a mí me parece que de un fenómeno como este, que afecta tan profundamente a nuestra supervivencia colectiva, podemos extraer lecciones para nuestro potencial de crecimiento interior. Intentaré, pues, enumerar algunas de las reflexiones que me ha sugerido la actual crisis económica sin pasar por la descripción de su desarrollo que me parece suficientemente conocida.
En primer lugar, cuesta entender hasta qué punto nos ha afectado esta situación que parece habernos cogido por sorpresa. O quizá es que ya nos iba bien pensar que estábamos instalados en la definitiva superación de las crisis cíclicas del capitalismo. En cualquier caso, el sistema se aguantaba (y todavía se aguanta) por el consumo creciente, tanto si es necesario como irracional. Los que levantaban sus voces críticas eran sospechosos de izquierdismo antisistema y nadie importante los había escuchado.
Quizá nadie escuchaba porque todos, poco o mucho, íbamos en el mismo barco. La mayoría habíamos creído de una u otra forma que la economía financiera en que vivíamos era incuestionable. Este disparate de ganar dinero, de endeudarnos por encima de nuestras posibilidades, de pedir créditos a largo plazo para los gastos corrientes y tantos otros mecanismos, al final se han manifestado perversos y han hecho explotar la burbuja.
Y aquí ha fallado el necesario liderazgo de los gobernantes. Han fallado los principales operadores económicos, al límite de la ética o algunos fuera de toda ética. Han fallado alternativas reales para un sistema frágil. Todos hemos reaccionado con miedo y conservadurismo. Y muchos, quizás muchos de nosotros, hemos pasado por alto los análisis que mostraban cómo el sistema acentuaba la diferencia entre ricos y pobres y era, a largo plazo, netamente insostenible. Ha fallado, pues, la responsabilidad sobre nuestra propia supervivencia y dejamos así deudas por pagar a las generaciones futuras.
Es importante puntualizar que también han fallado algunos dogmas intocables en el mundo económico, que actúan con la fuerza ideológica de las religiones tradicionales. Por ejemplo, el dogma del mercado libre autorregulado, el de la necesidad de crecimiento ilimitado, el dogma según el cual los activos inmobiliarios no pierden nunca valor, el de la necesaria retirada del Estado para no interferir en la eficiencia del mercado, etc. De hecho estamos viendo ahora el retorno de algunos viejos tabús: nacionalizaciones (horror! ), intervenciones del Estado en el sistema bancario, llamada urgente a un “regulador global”, vuelta a Keynes, y quién sabe qué más. Es el descrédito del neoliberalismo lo que nos tenía que salvar.
Por otra parte, me preocupa la falta de sensibilidad de los actores económicos hacia los problemas de sostenibilidad de la actual forma de supervivencia humana. Ante la limitación de los recursos, de los problemas irresolubles de desigualdad, de la bomba de relojería que representa la explosión demográfica, del cambio climático, y otras complejidades a que se enfrenta la economía global, pensar en volver a lo mismo de siempre es como esconder la cabeza bajo el ala.
Cuando los grandes gestores políticos y económicos hablan de recuperación en un año o quizás dos, ¿tienen claro qué se recupera? ¿Nuestro nivel de consumo? ¿Nuestra industria automovilística basada en combustibles y tecnologías obsoletas? ¿Más negocios inmobiliarios de segundas y terceras residencias en nuestro agotado litoral mediterráneo? ¿Más petróleo y materias primeras para los países emergentes? ¿Más desigualdad, más falsos reclamos para la inmigración? ¿Más hambre y pobreza? Para algunos la crisis es sólo un tropiezo en un camino único e invariable. Un camino conocido y que incluye todo lo anterior. ¿Es así como piensan estrenar la entrada a lo que se anuncia como “Sociedad de Conocimiento”?.
Precisamente, nuestra situación cultural es la de haber empezado una etapa diferente en la historia adaptativa de la supervivencia humana. Los especialistas la denominan de distintas maneras, como por ejemplo “Sociedad del Conocimiento”. Es todo el sistema surgido de la etapa “industrial” que empezó en la Época Moderna, el que está en crisis. ¿Y qué significa este cambio cultural que casi no percibimos? Pues quiere decir, entre otras cosas, que las tecnologías de la información y de la comunicación facilitan una economía basada en la creación continua de conocimientos que acaban siendo la base de la creación de riqueza. Hoy día el poder no lo dan tanto la posesión de materias primas, o las fuentes de energía, o el sistema productivo (fábricas) como pasó en el siglo XIX i gran parte del XX. Hoy es el conocimiento la fuente de dominio y el patrimonio principal de las empresas.
Pero no sólo son las ciencias y las tecnologías las que cambian constantemente sus conocimientos, en nuestra sociedad llamada “avanzada”. Lo que cambia también es la forma de organizarse y relacionarse, cambian las instituciones y también las costumbres y los valores. ¡O no! Quizás no somos tan ágiles a la hora de adaptarnos a una inédita situación de cambio continuo. Y es entonces cuando todo rechina. Fijémosnos en los siguientes ejemplos: las instituciones no son adecuadas. Efectivamente, una de las causas de la crisis actual es la inoperancia de la regulación financiera de los E.E.U.U. fruto de políticas liberales que van de Reagan a Bush, así como la quiebra de las empresas calificadoras o de “rating”. Tenemos tecnología para cambiar el mundo (las famosas TIC) pero el mundo está anticuado, dividido en naciones contrapuestas. Somos globales, pero sin leyes ni tribunales globales. Un poco como en el salvaje Oeste...
Otro ejemplo: las formas de trabajo, de organización sindical, de jerarquización de las empresas, de derechos sociales asegurados, son propias y coherentes con la sociedad industrial. Pero todavía hemos de encontrar (¡y de imaginar!) cómo ha de ser todo esto en la nueva economía que se nos viene encima. Y ya no digamos cómo es de inadecuado nuestro mundo de creencias y valores. Me refiero a nuestra “fe” en los dogmas intocables del Mercado que he citado anteriormente y el necesario sistema de valores que comporta: el individualismo, la competencia, el afán de lucro, etc. En conjunto, da la impresión de que vamos mal equipados para salir de la crisis y que vamos mal equipados para sobrevivir en el nuevo mundo económico global. La crisis sería al mismo tiempo, una típica crisis cíclica del sistema y también un síntoma de un cambio más grande, de largo abasto, quizá como lo fueron la revolución neolítica y la revolución industrial.
Si seguimos esta línea de reflexión, podemos preguntarnos con qué contamos para enfocar esta nueva situación cultural que llamamos Sociedad de Conocimiento. El inventario de fuerzas es más bien escaso. Disponemos de un cerebro forjado por la evolución, sólo preparado para situaciones sencillas de hace cuarenta mil años. De aquí vienen nuestras reacciones de miedo visceral a lo desconocido, de huída o entrada en oportunidades de negocio mal percibidas, del recurso a la violencia contra el competidor, de ignorar los cambios lentos en beneficio de las soluciones inmediatas, y tantos otros automatismos inconscientes que dibujan un estado de conciencia muy limitado.
Disponemos por otra parte de una cultura basada en el desarraigo del sentimiento colectivo, el cual nos deja solos ante la angustia de nuestro propio vacío que queremos llenar con cosas y más cosas sin conseguirlo nunca. Y, por descontado, nuestra cultura nos prepara para repetir esquemas conocidos pero no para el cambio a la innovación. No es raro que hablemos tan repetidamente de crisis de valores y que nos preguntemos si la economía ha de ser compatible con la honestidad, con la limitación de beneficios, con el esfuerzo y el estudio, con asumir responsabilidades sociales, con la renuncia a las hipotecas sobre el futuro, con la consideración de que formamos parte de un sistema complejo que sobrepasa en mucho a nuestra tribu.
Pero si bien esta crisis económica y moral parece nueva y con recovecos mal delimitados, el pensamiento sobre sus protagonistas y sus problemas es de origen ancestral. Vale la pena repasar la sabiduría de las tradiciones espirituales de todos los tiempos a la búsqueda de una mayor comprensión. De hecho, hace siglos que hacemos oídos sordos a las advertencias de los grandes maestros del pensamiento y del espíritu cuando nos avisan de que nuestra naturaleza, si bien nos arroja a la satisfacción inmediata y constante de nuestros deseos, quizá de alguna manera puede ser reeducada hacia actitudes compasivas y solidarias. Nos dicen que la realidad puede ser considerada de forma gratuita y no interesada. Nos enseñan a salir de nuestra egocentración, que es fuente de sufrimiento, para tomar conciencia de nuestra profunda unidad con los otros y con el mundo. Podemos resumir diciendo que todas las corrientes espirituales nos llevan a un cambio en profundidad de nuestra conciencia primitiva y limitada para alcanzar una nueva cualidad en el existir humano, transcendiendo la cerrazón individualista.
La moderna neurociencia nos habla también de la posibilidad de reorientar las redes neuronales, de acceder a estados de conciencia superiores o de la potencialidad creativa de nuestro cerebro para conseguir superar las tendencias y estados de conciencia arcaicos. Quizá no estamos, pues, hablando de cosas diferentes y hemos de pensar y trabajar más seriamente en una evolución necesaria de nuestra conciencia. Las dudas se plantearían quizá en términos de “masa crítica” y de plazos. ¿Es decir, podemos esperar un cambio social a partir del suficiente número de personas capaces de influir en el entorno gracias a su “calidad humana”, fruto de su transformación interior? Y también: ¿estaremos a tiempo de gestionar los necesarios cambios en la estructura económica de nuestro planeta antes que nos hundamos en una catástrofe ecológica o armamentística?
Dicho todo lo anterior, creo que es pertinente preguntarse si las religiones institucionalizadas pueden aportar alguna cosa a la superación de la crisis actual, sobre todo si la consideramos como una situación de crisis de civilización. En mi opinión, si las religiones toman posturas involucionistas, fruto del miedo y del desconcierto, no serán entendidas ni seguidas. Si ofrecen a los hombres y mujeres del siglo XXI sólo su bagaje dogmático, sus cosmovisiones míticas y los valores que de ellas deriven, propios de culturas ya superadas, entrarán en contradicción con la nueva situación. Una sociedad de innovación no se puede someter a un sistema de creencias que bloquea la creación continua de conocimientos. La fe religiosa puesta sólo al servicio de los intereses eclesiásticos, no será tampoco relevante en el nuevo contexto. La adhesión de personas y grupos a un determinado universo religioso por razones de conservación y defensa de identidades colectivas, aún siendo comprensible, no aportará más que problemas de enfrentamientos interculturales.
La antigua función de todas las religiones históricas, consistente en vertebrar ideológicamente y políticamente unas sociedades estáticas de raíz agraria y ganadera, ya no tiene sentido en nuestros días. Ahora es el momento, en cambio, de ofrecer aquellos tesoros de sabiduría que todas las tradiciones espirituales han hecho llegar hasta nosotros, envueltos en lenguaje simbólico, tan potentes a la hora de reclamar la transformación interior de las personas. Esto quiere decir priorizar el acceso a la mística y a los místicos, que siempre han usado los símbolos y los “contenidos” de la fe como instrumentos de auto-conocimiento. Sería necesario que hiciesen transparente el compromiso hacia toda la creación y hacia la práctica un amor activo para transformar desinteresadamente la realidad.
Pero además, en nuestra sociedad postmoderna, no todo el mundo está llamado a trabajarse espiritualmente dentro de una u otra tradición religiosa. La sociedad es laica y para muchos sería necesario disponer de vías y accesos espirituales hacia la calidad humana a la que apuntan las grandes tradiciones de la humanidad pero sin la epistemología mítica que caracteriza las religiones históricas. Porque en definitiva, el crecimiento espiritual, sea religioso o no, se basa en desarrollar conscientemente la atención desinteresada hacia la realidad, en liberarse de la dependencia de poseer poder o bienes materiales y en afinar la vigilancia de nuestro pensamiento, silenciando progresivamente los prejuicios, los hábitos, los intereses egoístas. Es difícil llevar a cabo estas ideas a los programas educativos como es también difícil rescatar a las religiones de sus funciones arcaicas. Pero no creo que aparezcan otros caminos más fáciles al servicio del cambio de conciencia de los hombres y las mujeres de nuestro entorno.
Hemos de reconocer que no será fácil encontrar la síntesis entre la ineludible transformación de las personas, una a una, y unos cambios en los modelos culturales (que necesariamente comportan nuevas soluciones económicas, políticas, educativas) que ayuden a emerger a este nuevo nivel de conciencia más responsable y comprensivo que postulo como salida “sostenible” a largo plazo. Aquí, tanto la sociedad civil (asociaciones, ONG’S...) como las religiones organizadas, podrían aportar estilos específicos de ayuda a personas y a grupos para crecer en la dimensión interior que apuntaba. Los lazos comunitarios sin exclusiones ni exclusivismos, la vivencia de la solidaridad entre y con los que pueden quedar excluidos, la intermediación en conflictos sociales xenófobos, etc. son medios que pienso imprescindibles. Pero no por ellos mismos sino como vehículos de la necesaria transformación de la conciencia y del paradigma cultural.
Para resumir y acabar, pienso que esta crisis, aparte de ser una manifestación de final de ciclo económico expansivo, nos revela la necesidad de una nueva manera de entender y de estar en el mundo. Si el futuro ha de ser sostenible, tendremos que ponernos a trabajar de una vez por todas para nuestra capacidad de expansión espiritual, si quieren decirlo así. Sin que esto signifique una introspección estética o individualista. Ojalá sepamos aprovechar la lección de la crisis.
Este artículo ha sido publicado a la revista Dialogal (Primavera 2009, núm.29 páginas: 8-17, dedicado a las: Lecturas espirituales de la crisis).
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Por Salvador Juncà
No sé si la actual situación de crisis en que está sumida nuestra economía tiene mucho que ver con la dimensión espiritual atribuida a la naturaleza humana. Pero a mí me parece que de un fenómeno como este, que afecta tan profundamente a nuestra supervivencia colectiva, podemos extraer lecciones para nuestro potencial de crecimiento interior. Intentaré, pues, enumerar algunas de las reflexiones que me ha sugerido la actual crisis económica sin pasar por la descripción de su desarrollo que me parece suficientemente conocida.
En primer lugar, cuesta entender hasta qué punto nos ha afectado esta situación que parece habernos cogido por sorpresa. O quizá es que ya nos iba bien pensar que estábamos instalados en la definitiva superación de las crisis cíclicas del capitalismo. En cualquier caso, el sistema se aguantaba (y todavía se aguanta) por el consumo creciente, tanto si es necesario como irracional. Los que levantaban sus voces críticas eran sospechosos de izquierdismo antisistema y nadie importante los había escuchado.
Quizá nadie escuchaba porque todos, poco o mucho, íbamos en el mismo barco. La mayoría habíamos creído de una u otra forma que la economía financiera en que vivíamos era incuestionable. Este disparate de ganar dinero, de endeudarnos por encima de nuestras posibilidades, de pedir créditos a largo plazo para los gastos corrientes y tantos otros mecanismos, al final se han manifestado perversos y han hecho explotar la burbuja.
Y aquí ha fallado el necesario liderazgo de los gobernantes. Han fallado los principales operadores económicos, al límite de la ética o algunos fuera de toda ética. Han fallado alternativas reales para un sistema frágil. Todos hemos reaccionado con miedo y conservadurismo. Y muchos, quizás muchos de nosotros, hemos pasado por alto los análisis que mostraban cómo el sistema acentuaba la diferencia entre ricos y pobres y era, a largo plazo, netamente insostenible. Ha fallado, pues, la responsabilidad sobre nuestra propia supervivencia y dejamos así deudas por pagar a las generaciones futuras.
Es importante puntualizar que también han fallado algunos dogmas intocables en el mundo económico, que actúan con la fuerza ideológica de las religiones tradicionales. Por ejemplo, el dogma del mercado libre autorregulado, el de la necesidad de crecimiento ilimitado, el dogma según el cual los activos inmobiliarios no pierden nunca valor, el de la necesaria retirada del Estado para no interferir en la eficiencia del mercado, etc. De hecho estamos viendo ahora el retorno de algunos viejos tabús: nacionalizaciones (horror! ), intervenciones del Estado en el sistema bancario, llamada urgente a un “regulador global”, vuelta a Keynes, y quién sabe qué más. Es el descrédito del neoliberalismo lo que nos tenía que salvar.
Por otra parte, me preocupa la falta de sensibilidad de los actores económicos hacia los problemas de sostenibilidad de la actual forma de supervivencia humana. Ante la limitación de los recursos, de los problemas irresolubles de desigualdad, de la bomba de relojería que representa la explosión demográfica, del cambio climático, y otras complejidades a que se enfrenta la economía global, pensar en volver a lo mismo de siempre es como esconder la cabeza bajo el ala.
Cuando los grandes gestores políticos y económicos hablan de recuperación en un año o quizás dos, ¿tienen claro qué se recupera? ¿Nuestro nivel de consumo? ¿Nuestra industria automovilística basada en combustibles y tecnologías obsoletas? ¿Más negocios inmobiliarios de segundas y terceras residencias en nuestro agotado litoral mediterráneo? ¿Más petróleo y materias primeras para los países emergentes? ¿Más desigualdad, más falsos reclamos para la inmigración? ¿Más hambre y pobreza? Para algunos la crisis es sólo un tropiezo en un camino único e invariable. Un camino conocido y que incluye todo lo anterior. ¿Es así como piensan estrenar la entrada a lo que se anuncia como “Sociedad de Conocimiento”?.
Precisamente, nuestra situación cultural es la de haber empezado una etapa diferente en la historia adaptativa de la supervivencia humana. Los especialistas la denominan de distintas maneras, como por ejemplo “Sociedad del Conocimiento”. Es todo el sistema surgido de la etapa “industrial” que empezó en la Época Moderna, el que está en crisis. ¿Y qué significa este cambio cultural que casi no percibimos? Pues quiere decir, entre otras cosas, que las tecnologías de la información y de la comunicación facilitan una economía basada en la creación continua de conocimientos que acaban siendo la base de la creación de riqueza. Hoy día el poder no lo dan tanto la posesión de materias primas, o las fuentes de energía, o el sistema productivo (fábricas) como pasó en el siglo XIX i gran parte del XX. Hoy es el conocimiento la fuente de dominio y el patrimonio principal de las empresas.
Pero no sólo son las ciencias y las tecnologías las que cambian constantemente sus conocimientos, en nuestra sociedad llamada “avanzada”. Lo que cambia también es la forma de organizarse y relacionarse, cambian las instituciones y también las costumbres y los valores. ¡O no! Quizás no somos tan ágiles a la hora de adaptarnos a una inédita situación de cambio continuo. Y es entonces cuando todo rechina. Fijémosnos en los siguientes ejemplos: las instituciones no son adecuadas. Efectivamente, una de las causas de la crisis actual es la inoperancia de la regulación financiera de los E.E.U.U. fruto de políticas liberales que van de Reagan a Bush, así como la quiebra de las empresas calificadoras o de “rating”. Tenemos tecnología para cambiar el mundo (las famosas TIC) pero el mundo está anticuado, dividido en naciones contrapuestas. Somos globales, pero sin leyes ni tribunales globales. Un poco como en el salvaje Oeste...
Otro ejemplo: las formas de trabajo, de organización sindical, de jerarquización de las empresas, de derechos sociales asegurados, son propias y coherentes con la sociedad industrial. Pero todavía hemos de encontrar (¡y de imaginar!) cómo ha de ser todo esto en la nueva economía que se nos viene encima. Y ya no digamos cómo es de inadecuado nuestro mundo de creencias y valores. Me refiero a nuestra “fe” en los dogmas intocables del Mercado que he citado anteriormente y el necesario sistema de valores que comporta: el individualismo, la competencia, el afán de lucro, etc. En conjunto, da la impresión de que vamos mal equipados para salir de la crisis y que vamos mal equipados para sobrevivir en el nuevo mundo económico global. La crisis sería al mismo tiempo, una típica crisis cíclica del sistema y también un síntoma de un cambio más grande, de largo abasto, quizá como lo fueron la revolución neolítica y la revolución industrial.
Si seguimos esta línea de reflexión, podemos preguntarnos con qué contamos para enfocar esta nueva situación cultural que llamamos Sociedad de Conocimiento. El inventario de fuerzas es más bien escaso. Disponemos de un cerebro forjado por la evolución, sólo preparado para situaciones sencillas de hace cuarenta mil años. De aquí vienen nuestras reacciones de miedo visceral a lo desconocido, de huída o entrada en oportunidades de negocio mal percibidas, del recurso a la violencia contra el competidor, de ignorar los cambios lentos en beneficio de las soluciones inmediatas, y tantos otros automatismos inconscientes que dibujan un estado de conciencia muy limitado.
Disponemos por otra parte de una cultura basada en el desarraigo del sentimiento colectivo, el cual nos deja solos ante la angustia de nuestro propio vacío que queremos llenar con cosas y más cosas sin conseguirlo nunca. Y, por descontado, nuestra cultura nos prepara para repetir esquemas conocidos pero no para el cambio a la innovación. No es raro que hablemos tan repetidamente de crisis de valores y que nos preguntemos si la economía ha de ser compatible con la honestidad, con la limitación de beneficios, con el esfuerzo y el estudio, con asumir responsabilidades sociales, con la renuncia a las hipotecas sobre el futuro, con la consideración de que formamos parte de un sistema complejo que sobrepasa en mucho a nuestra tribu.
Pero si bien esta crisis económica y moral parece nueva y con recovecos mal delimitados, el pensamiento sobre sus protagonistas y sus problemas es de origen ancestral. Vale la pena repasar la sabiduría de las tradiciones espirituales de todos los tiempos a la búsqueda de una mayor comprensión. De hecho, hace siglos que hacemos oídos sordos a las advertencias de los grandes maestros del pensamiento y del espíritu cuando nos avisan de que nuestra naturaleza, si bien nos arroja a la satisfacción inmediata y constante de nuestros deseos, quizá de alguna manera puede ser reeducada hacia actitudes compasivas y solidarias. Nos dicen que la realidad puede ser considerada de forma gratuita y no interesada. Nos enseñan a salir de nuestra egocentración, que es fuente de sufrimiento, para tomar conciencia de nuestra profunda unidad con los otros y con el mundo. Podemos resumir diciendo que todas las corrientes espirituales nos llevan a un cambio en profundidad de nuestra conciencia primitiva y limitada para alcanzar una nueva cualidad en el existir humano, transcendiendo la cerrazón individualista.
La moderna neurociencia nos habla también de la posibilidad de reorientar las redes neuronales, de acceder a estados de conciencia superiores o de la potencialidad creativa de nuestro cerebro para conseguir superar las tendencias y estados de conciencia arcaicos. Quizá no estamos, pues, hablando de cosas diferentes y hemos de pensar y trabajar más seriamente en una evolución necesaria de nuestra conciencia. Las dudas se plantearían quizá en términos de “masa crítica” y de plazos. ¿Es decir, podemos esperar un cambio social a partir del suficiente número de personas capaces de influir en el entorno gracias a su “calidad humana”, fruto de su transformación interior? Y también: ¿estaremos a tiempo de gestionar los necesarios cambios en la estructura económica de nuestro planeta antes que nos hundamos en una catástrofe ecológica o armamentística?
Dicho todo lo anterior, creo que es pertinente preguntarse si las religiones institucionalizadas pueden aportar alguna cosa a la superación de la crisis actual, sobre todo si la consideramos como una situación de crisis de civilización. En mi opinión, si las religiones toman posturas involucionistas, fruto del miedo y del desconcierto, no serán entendidas ni seguidas. Si ofrecen a los hombres y mujeres del siglo XXI sólo su bagaje dogmático, sus cosmovisiones míticas y los valores que de ellas deriven, propios de culturas ya superadas, entrarán en contradicción con la nueva situación. Una sociedad de innovación no se puede someter a un sistema de creencias que bloquea la creación continua de conocimientos. La fe religiosa puesta sólo al servicio de los intereses eclesiásticos, no será tampoco relevante en el nuevo contexto. La adhesión de personas y grupos a un determinado universo religioso por razones de conservación y defensa de identidades colectivas, aún siendo comprensible, no aportará más que problemas de enfrentamientos interculturales.
La antigua función de todas las religiones históricas, consistente en vertebrar ideológicamente y políticamente unas sociedades estáticas de raíz agraria y ganadera, ya no tiene sentido en nuestros días. Ahora es el momento, en cambio, de ofrecer aquellos tesoros de sabiduría que todas las tradiciones espirituales han hecho llegar hasta nosotros, envueltos en lenguaje simbólico, tan potentes a la hora de reclamar la transformación interior de las personas. Esto quiere decir priorizar el acceso a la mística y a los místicos, que siempre han usado los símbolos y los “contenidos” de la fe como instrumentos de auto-conocimiento. Sería necesario que hiciesen transparente el compromiso hacia toda la creación y hacia la práctica un amor activo para transformar desinteresadamente la realidad.
Pero además, en nuestra sociedad postmoderna, no todo el mundo está llamado a trabajarse espiritualmente dentro de una u otra tradición religiosa. La sociedad es laica y para muchos sería necesario disponer de vías y accesos espirituales hacia la calidad humana a la que apuntan las grandes tradiciones de la humanidad pero sin la epistemología mítica que caracteriza las religiones históricas. Porque en definitiva, el crecimiento espiritual, sea religioso o no, se basa en desarrollar conscientemente la atención desinteresada hacia la realidad, en liberarse de la dependencia de poseer poder o bienes materiales y en afinar la vigilancia de nuestro pensamiento, silenciando progresivamente los prejuicios, los hábitos, los intereses egoístas. Es difícil llevar a cabo estas ideas a los programas educativos como es también difícil rescatar a las religiones de sus funciones arcaicas. Pero no creo que aparezcan otros caminos más fáciles al servicio del cambio de conciencia de los hombres y las mujeres de nuestro entorno.
Hemos de reconocer que no será fácil encontrar la síntesis entre la ineludible transformación de las personas, una a una, y unos cambios en los modelos culturales (que necesariamente comportan nuevas soluciones económicas, políticas, educativas) que ayuden a emerger a este nuevo nivel de conciencia más responsable y comprensivo que postulo como salida “sostenible” a largo plazo. Aquí, tanto la sociedad civil (asociaciones, ONG’S...) como las religiones organizadas, podrían aportar estilos específicos de ayuda a personas y a grupos para crecer en la dimensión interior que apuntaba. Los lazos comunitarios sin exclusiones ni exclusivismos, la vivencia de la solidaridad entre y con los que pueden quedar excluidos, la intermediación en conflictos sociales xenófobos, etc. son medios que pienso imprescindibles. Pero no por ellos mismos sino como vehículos de la necesaria transformación de la conciencia y del paradigma cultural.
Para resumir y acabar, pienso que esta crisis, aparte de ser una manifestación de final de ciclo económico expansivo, nos revela la necesidad de una nueva manera de entender y de estar en el mundo. Si el futuro ha de ser sostenible, tendremos que ponernos a trabajar de una vez por todas para nuestra capacidad de expansión espiritual, si quieren decirlo así. Sin que esto signifique una introspección estética o individualista. Ojalá sepamos aprovechar la lección de la crisis.
Este artículo ha sido publicado a la revista Dialogal (Primavera 2009, núm.29 páginas: 8-17, dedicado a las: Lecturas espirituales de la crisis).
miércoles, 22 de abril de 2009
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